Puerto Iguazu y Misiones

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Los Saltos del Cuña Pirú: Misiones

No es una oferta de una empresa de ecoturismo, es la descripcion de un recorrido ecoturistico que puedes hacer solo con con tu grupo, tu familia … 

En plena selva, a 170 km de Posadas, un conjunto de cascadas que cae desde 50 metros ofrece un emocionante espectáculo. Piedras tapizadas de musgos, helechos, hongos y líquenes por doquier. En medio de este despliegue natural, ha bajado durante años el arroyo Cuña Pirú —significa “mujer flaca”, en guaraní—, construyendo un escenario imponente. La roca, socavada con paciencia, formó un arco de 600 metros desde el que cae un furioso torrente de agua. Precisamente, allí late el lugar más emocionante: el Salto Encantado, en plena selva de Misiones. Ubicado a 170 km al nordeste de Posadas, este enorme chorro de agua sorprende a los visitantes por formar un telón que esconde varios senderos en la penumbra. Uno de ellos tiene 1.700 metros de largo y lleva a La Olla. Con una caída de más de 50 metros, constituye el lugar encantado de los Saltos del Cuñá Pirú. En media hora se llega a una pileta natural, que invita a nadar. Con timidez, el sol atraviesa la galería que forman lapachos, guatambú blanco, tacuarembó, guaica, pindó y timbó. En el corazón de la selva misionera, donde las sierras dividen las aguas, los viajeros vuelven a sorprenderse. No es para menos. Se encuentran con más de 700 hectáreas de parque con nuevos saltos, unas 13 mil hectáreas del Parque Provincial Cuña Pirú y una reserva de 10 mil hectáreas. A 485 metros sobre el nivel del mar, descubren un microclima, con una pileta de agua limpia y fría que se embalsa antes de caer por el acantilado. Piedras Blancas, Alegre, Maravilla, Encantado, La Olla, La Cascada y Víbora son los principales saltos, que bañan el suelo de basamento cristalino y forman piletones. Imperdible: el basalto negro, que forma parte de la mayor extensión de lavas del mundo y afloró durante el Jurásico. Arriba de la gran cascada, desde el tapiz verde de un parque que contrasta con los paredones negros de basalto, un sendero de 266 escalones lleva al pie del Salto Encantado. Además, otro camino permite el acceso a los saltos Escondido y Acutí. El cañón del arroyo merece ser visitado por su variada fauna: tatúes, monos carayá, tucanes, osos hormigueros, carpinchos, jabalíes, venados, chanchos de monte y miles de mariposas conviven en la espesura del follaje. La zona ofrece a los visitantes la posibilidad de combinar la paz del parque con la aventura que propone la selva.

 

En plena selva, a 170 km de Posadas, un conjunto de cascadas que cae desde 50 metros ofrece un emocionante espectáculo.

 


Piedras tapizadas de musgos, helechos, hongos y líquenes por doquier. En medio de este despliegue natural, ha bajado durante años el arroyo Cuña Pirú —significa “mujer flaca”, en guaraní—, construyendo un escenario imponente. La roca, socavada con paciencia, formó un arco de 600 metros desde el que cae un furioso torrente de agua. Precisamente, allí late el lugar más emocionante: el Salto Encantado, en plena selva de Misiones.

Ubicado a 170 km al nordeste de Posadas, este enorme chorro de agua sorprende a los visitantes por formar un telón que esconde varios senderos en la penumbra. Uno de ellos tiene 1.700 metros de largo y lleva a La Olla. Con una caída de más de 50 metros, constituye el lugar encantado de los Saltos del Cuñá Pirú.

En media hora se llega a una pileta natural, que invita a nadar. Con timidez, el sol atraviesa la galería que forman lapachos, guatambú blanco, tacuarembó, guaica, pindó y timbó.

En el corazón de la selva misionera, donde las sierras dividen las aguas, los viajeros vuelven a sorprenderse. No es para menos. Se encuentran con más de 700 hectáreas de parque con nuevos saltos, unas 13 mil hectáreas del Parque Provincial Cuña Pirú y una reserva de 10 mil hectáreas.

A 485 metros sobre el nivel del mar, descubren un microclima, con una pileta de agua limpia y fría que se embalsa antes de caer por el acantilado.

Piedras Blancas, Alegre, Maravilla, Encantado, La Olla, La Cascada y Víbora son los principales saltos, que bañan el suelo de basamento cristalino y forman piletones. Imperdible: el basalto negro, que forma parte de la mayor extensión de lavas del mundo y afloró durante el Jurásico.

Arriba de la gran cascada, desde el tapiz verde de un parque que contrasta con los paredones negros de basalto, un sendero de 266 escalones lleva al pie del Salto Encantado. Además, otro camino permite el acceso a los saltos Escondido y Acutí.

El cañón del arroyo merece ser visitado por su variada fauna: tatúes, monos carayá, tucanes, osos hormigueros, carpinchos, jabalíes, venados, chanchos de monte y miles de mariposas conviven en la espesura del follaje.

La zona ofrece a los visitantes la posibilidad de combinar la paz del parque con la aventura que propone la selva.


En plena selva, a 170 km de Posadas, un conjunto de cascadas que cae desde 50 metros ofrece un emocionante espectáculo.



Piedras tapizadas de musgos, helechos, hongos y líquenes por doquier. En medio de este despliegue natural, ha bajado durante años el arroyo Cuña Pirú —significa “mujer flaca”, en guaraní—, construyendo un escenario imponente. La roca, socavada con paciencia, formó un arco de 600 metros desde el que cae un furioso torrente de agua. Precisamente, allí late el lugar más emocionante: el Salto Encantado, en plena selva de Misiones.

Ubicado a 170 km al nordeste de Posadas, este enorme chorro de agua sorprende a los visitantes por formar un telón que esconde varios senderos en la penumbra. Uno de ellos tiene 1.700 metros de largo y lleva a La Olla. Con una caída de más de 50 metros, constituye el lugar encantado de los Saltos del Cuñá Pirú.

En media hora se llega a una pileta natural, que invita a nadar. Con timidez, el sol atraviesa la galería que forman lapachos, guatambú blanco, tacuarembó, guaica, pindó y timbó.

En el corazón de la selva misionera, donde las sierras dividen las aguas, los viajeros vuelven a sorprenderse. No es para menos. Se encuentran con más de 700 hectáreas de parque con nuevos saltos, unas 13 mil hectáreas del Parque Provincial Cuña Pirú y una reserva de 10 mil hectáreas.

A 485 metros sobre el nivel del mar, descubren un microclima, con una pileta de agua limpia y fría que se embalsa antes de caer por el acantilado.

Piedras Blancas, Alegre, Maravilla, Encantado, La Olla, La Cascada y Víbora son los principales saltos, que bañan el suelo de basamento cristalino y forman piletones. Imperdible: el basalto negro, que forma parte de la mayor extensión de lavas del mundo y afloró durante el Jurásico.

Arriba de la gran cascada, desde el tapiz verde de un parque que contrasta con los paredones negros de basalto, un sendero de 266 escalones lleva al pie del Salto Encantado. Además, otro camino permite el acceso a los saltos Escondido y Acutí.

El cañón del arroyo merece ser visitado por su variada fauna: tatúes, monos carayá, tucanes, osos hormigueros, carpinchos, jabalíes, venados, chanchos de monte y miles de mariposas conviven en la espesura del follaje.

La zona ofrece a los visitantes la posibilidad de combinar la paz del parque con la aventura que propone la selva.


En plena selva, a 170 km de Posadas, un conjunto de cascadas que cae desde 50 metros ofrece un emocionante espectáculo.



Piedras tapizadas de musgos, helechos, hongos y líquenes por doquier. En medio de este despliegue natural, ha bajado durante años el arroyo Cuña Pirú —significa “mujer flaca”, en guaraní—, construyendo un escenario imponente. La roca, socavada con paciencia, formó un arco de 600 metros desde el que cae un furioso torrente de agua. Precisamente, allí late el lugar más emocionante: el Salto Encantado, en plena selva de Misiones.

Ubicado a 170 km al nordeste de Posadas, este enorme chorro de agua sorprende a los visitantes por formar un telón que esconde varios senderos en la penumbra. Uno de ellos tiene 1.700 metros de largo y lleva a La Olla. Con una caída de más de 50 metros, constituye el lugar encantado de los Saltos del Cuñá Pirú.

En media hora se llega a una pileta natural, que invita a nadar. Con timidez, el sol atraviesa la galería que forman lapachos, guatambú blanco, tacuarembó, guaica, pindó y timbó.

En el corazón de la selva misionera, donde las sierras dividen las aguas, los viajeros vuelven a sorprenderse. No es para menos. Se encuentran con más de 700 hectáreas de parque con nuevos saltos, unas 13 mil hectáreas del Parque Provincial Cuña Pirú y una reserva de 10 mil hectáreas.

A 485 metros sobre el nivel del mar, descubren un microclima, con una pileta de agua limpia y fría que se embalsa antes de caer por el acantilado.

Piedras Blancas, Alegre, Maravilla, Encantado, La Olla, La Cascada y Víbora son los principales saltos, que bañan el suelo de basamento cristalino y forman piletones. Imperdible: el basalto negro, que forma parte de la mayor extensión de lavas del mundo y afloró durante el Jurásico.

Arriba de la gran cascada, desde el tapiz verde de un parque que contrasta con los paredones negros de basalto, un sendero de 266 escalones lleva al pie del Salto Encantado. Además, otro camino permite el acceso a los saltos Escondido y Acutí.

El cañón del arroyo merece ser visitado por su variada fauna: tatúes, monos carayá, tucanes, osos hormigueros, carpinchos, jabalíes, venados, chanchos de monte y miles de mariposas conviven en la espesura del follaje.

La zona ofrece a los visitantes la posibilidad de combinar la paz del parque con la aventura que propone la selva.

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